Con motivo del Día Internacional de las niñas en las TIC, celebrado el pasado 22 de abril de 2021 participé en la charla 'Promovem les STEAM a la Xarxa Punt TIC. 'Parlem de gamificació, videojocs i perspectiva de gènere' organizada por Xarxa Punt TIC. Hablamos de lo divertido de acercar la tecnología a las niñas mediante programación de videojuegos y robótica educativa pero también de los problemas y retos a los que se enfrentan.
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En un mundo totalmente digitalizado programar será casi como saber leer en unos años, todo el mundo tendrá unas nociones básicas. Crear videojuegos conecta el mundo real del alumnado, un mundo lúdico y que les encanta con el aula y el centro educativo aportando una nueva visión más positiva al proceso enseñanza-aprendizaje. Además programar desarrolla el pensamiento lógico y matemático y les abre un mundo de creatividad con el que pueden aprender no sólo a crear videojuegos sino también aplicaciones, web o lo que más les interese. Desde los cinco años con Scratch JR y una tablet, pasando al ordenador con Scratch llegamos a Stencyl para el alumnado de mayor edad con tres herramientas libres y muy útiles.
Los robots que construyen divirtiéndose les ayudan a recordar nociones de asignaturas del currículum escolar al mismo tiempo que trabajan por parejas, la psicomotricidad, creatividad cuando se les pide modificar el robot creado... De igual manera son un refuerzo al pensamiento lógico y matemático cuando al acabar la construcción los programan con la tablet.
Me gusta tratar a los más pequeños como potenciales genios ya quesiempre tienen respuestas innovadoras que los adultos hemos olvidado.
He estado dentro de las aulas impartiendo robótica educativa, programación, cursos sobre medios audiovisuales, inglés y repaso.
Utilizar herramientas innovadoras a la par de pedagogías libres, la experimentación, la empatía y la escucha activa son mis imprescindibles.
Los
datos de mujeres en el mundo STEAM son siempre más bajos que altos, y en el
mundo del videojuego no cambia, aunque seamos casi el 50% de jugadoras, las
mujeres que se ganan la vida en la industria del videojuego no llegamos al 25%.
Y sí, perítanme darles la turra con los videojuegos otra vez, porque es un
sector que me toca muy de cerca últimamente.
Laila
Shabir e Ish Syed, dos estadounidenses, se dieron cuenta del potencial
atractivo de los videojuegos para atraer niñas al campo de la tecnología y la
ciencia. Ni cortas ni perezosas, fundaron una empresa que se dedica a crear
escuelas de verano y talleres y jams para niñas. Girls make games es hoy en día
una iniciativa a nivel global en la que han participado más de 6.000 niñas en
61 ciudades diferentes, es Estados Unidos les apoyan grandes empresas como
Nintendo o Play station. En Valencia hubo talleres en Las Naves el año pasado y
en Barcelona empezamos esta misma semana en un colegio céntrico. Enseñar a las
niñas a imaginarse en profesiones de todo tipo les ayuda a empoderarse y no
limitarse a la hora de pensar en su futuro. Estos talleres son gratuitos así
que si conocen espacios donde hacer talleres y niñas inquietas escríbanos a girslmakegames.esp@gmail.com Por
la nueva generación de diseñadoras, creadoras e ingenieras.
Texto locutado para el podcast #Lalineadelcielo http://www.lalineadelcielo.com/
La semana pasada saltaba a los medios una noticia sobre
padres quejándose porque sus hijos tendrían pronto 3 meses de vacaciones. En
primer lugar me enfadé porque la noticia efectivamente decía que los niños
tienen 3 meses de vacaciones cuando no es cierto, al menos en la Comunidad
Valenciana los niños acaban a final de junio y empiezan a principio de septiembre
y eso son dos meses. En segundo lugar, me enfadé porque hay una generación de
padres que parece olvidar que los profesores y profesoras estudiaron para serlo
y que trabajan duramente cada día para conseguir que, pese a los recortes y las
congelaciones de sueldo, los chavales sigan aprendiendo sin notarlo. Ser
docente es una tarea dura, más si se tienen a los padres y madres en contra así que, por favor, antes de
criticarlos piensen en lo difícil que es estar con niños un rato y ellos lo
hacen unas 6 horas al día como mínimo.
La mayoría de veces las cadenas de e-mails no suelen ser muy provechosas: "sé tu mismo", "vive como si fuera el último día", "reenvía o morirás" (no sé cuantas veces debería haber muerto ya XD) pero, de cuando en cuando, llega algo que merece la pena.
En esta ocasión, y como el mundo de la educación también me interesa mucho, adjuntaré un artículo de José María Toro, un maestro de educación primaria y especialista en distintos ámbitos de la Expresión y la Comunicación. No he podido encontrar el artículo tal cual en ninguna página o blog que tuviera este experto así que me tendré que limitar a copiar tal cual el texto completo.
Aunque no os interese mucho el tema, la primera parte es una reflexión que nos puede servir a cualquiera y que no me perdería, el resto, hay que reconocer que el artículo es muy largo y quizá os pueda resultar pesado.
Sobre todo habla de un tema en el que estoy muy de acuerdo y es que la educación no es solo cosa de los colegios: padres, madres, tíos, tías, abuelos, abuelas, medios de comunicación y cualquier agente que tenga contacto con el niñ@ le va a influenciar; hecho que no se debe perder de vista.
Otra idea muy sugerente es como se aplica el modelo de competitividad y los resultados de exámenes como forma de medir la educación de un menor cuando, es mucho más importante que un chaval conozca y valore, por ejemplo, el esfuerzo que hacen unos padres por criar a un hijo que el hecho de que se sepa las capitales de los países de la Unión Europea. Pero claro, tal y como dice José María Toro, no hay test que midan el esfuerzo o la verdadera educación de los niñ@s (antes descrita), nos limitamos a los exámenes (Y, aprovecho para decir que un examen me parece una forma falible de valorar los conocimientos sobre un tema ya que todo el mundo puede tener un mal día y responder mal cosas que de verdad sabía)
¿Qué ocurre, que por qué una persona no sepa hacer ecuaciones de segundo grado no va a poder desempeñar mejor su trabajo?
¿Acaso hoy en día las empresas buscan diplomados, licenciados, graduados, masterandos...? NO buscan gente con experiencia, el propio sistema se contradice a sí mismo. Además, cuantos casos conoceré personalmente de chicos y chicas que aprobaron la ESO por los pelos (o no) y en una FP no han sacado más que Matrículas de Honor y hoy trabajan felices y realizados...
¿Qué ocurre, que por qué una persona no sepa hacer ecuaciones de segundo grado no va a poder desempeñar mejor su trabajo?
¿Acaso hoy en día las empresas buscan diplomados, licenciados, graduados, masterandos...? NO buscan gente con experiencia, el propio sistema se contradice a sí mismo. Además, cuantos casos conoceré personalmente de chicos y chicas que aprobaron la ESO por los pelos (o no) y en una FP no han sacado más que Matrículas de Honor y hoy trabajan felices y realizados...
En fin, reflexionemos que la educación es cosa de tod@s
Ahí va el artículo entero:
Lo que falta en la educación es el sentido profundo que permita formar buenas personas con capacidad para ser felices.
La experiencia de la felicidad será importante en la educación cuando la escuela no esté al servicio del sistema productivo o de la infraestructura económica sino al servicio de la Vida.
Antes que un buen fontanero o una buena abogada, la escuela debería formar a un buen ser humano. Y sin embargo, olvida lo importante para dedicarse a lo que considera más urgente, que es el hecho de cumplir un programa escolar. Pero la escuela no es la única sumida en este abandono de la educación; la familia y la sociedad en general tampoco parecen tener en cuenta las prioridades de formar buenas personas con capacidad para ser felices.
El fracaso escolar representa en realidad el suspenso de toda una sociedad perdida en sus valores.
¿Qué mensaje nos transmite el alto índice de fracaso escolar?
El fracaso escolar no debe banalizarse ni tampoco considerarse “fracaso de la escuela”. En la escuela, a través de pruebas de diagnóstico curriculares, se explicita una realidad de fracaso que tiene sus raíces más profundas en otros espacios (familiar, social) y en otros terrenos ( la historia y el ambiente de cada niño y su mundo afectivo y emocional más profundo). El fracaso en las actividades escolares no es sino la punta del iceberg, la manifestación más epidérmica y superficial de una quiebra en el alma del niño, de una rotura de su integridad, de un alejamiento de su centro y de una merma en todas sus posibilidades creativas y de aprendizaje.
Así que en realidad es una señal de alarma, de que hay algo más allá que no está funcionando bien.
Es toda una sociedad la que fracasa en los fracasos que la escuela simplemente refleja y de los que, no siempre, es su máxima responsable. Esto no debe apartar la mirada de aquellas cuestiones más específicamente escolares tales como los procesos de enseñanza y aprendizaje, las dinámicas organizativas y relacionales o los entresijos burocráticos y administrativos que, tal vez sin ser causa inmediata o directa de dicho fracaso, no lo contrarrestan e incluso son catalizadores o favorecedores del mismo.
La escuela tampoco facilita mucho las cosas, entonces, en este sinsentido que es a veces la educación.
A veces, los informes en los que se anuncia dicho fracaso escolar, siendo ciertos, no dejan de ser, al mismo tiempo, parciales e injustos. Plantear una misma prueba final de rendimiento a quienes partieron de situaciones muy diferentes y desiguales de partida no es justo. La escuela no siempre fracasa, muchas veces hace “lo que puede” y, en no pocas ocasiones, “más de lo que puede”, con alumnos que presentan situaciones personales muy adversas o que viven en medio de condiciones familiares o sociales muy negativas y que, habitualmente y como cabía esperar, puntúan bajo en las calificaciones de lengua o matemáticas.
A veces, la calificación en lengua o matemáticas no es precisamente lo que va a determinar el éxito en tu vida adulta.
Un número es incapaz de recoger la complejidad existencial de un ser humano. Por otra parte, un buen número de escuelas y de maestros y maestras están dedicando mucho tiempo y energía a calmar a los niños, a construirles límites de conducta que no viven en sus contextos familiares, a integrarles en un grupo y a generar pautas más saludables de vida y convivencia. Desgraciadamente no hay ningún informe PISA que mida la ternura, la empatía o la solidaridad de los alumnos.
Sacar buenas notas e ir pasando cursos tampoco garantiza que una persona sepa salir felizmente adelante en la vida, laboral y personalmente. ¿Qué falta en la educación?
En primer lugar, lo primero que falta en la educación es un consenso en torno al sentido profundo, al para qué y por qué educar. En las escuelas no hay tiempo ni hábito para las reflexiones de este tipo y el poco tiempo disponible se vacía o se desparrama abordando las cuestiones más prácticas e inmediatas.
Como por ejemplo las materias programadas.
La escuela se ahoga en el cómo, en el activismo sin rumbo y en un incesante quehacer sin horizonte. En la escuela, como en la sociedad, se confunde lo urgente con lo importante: lo urgente es mejorar la puntuación matemática cuando lo importante debería ser renovar el entusiasmo de educar en los maestros y la alegría de aprender en los alumnos. No siempre las urgencias se corresponden con las prioridades. En la educación faltan horizontes de largo alcance y sobre todo una nueva mirada que nos devuelva la grandeza y la altísima responsabilidad que representa la profesión docente. La escuela necesita “re-orientarse” porque anda “des-orientada” en medio de tanta prisa, burocracia y apatía.
Creo que esa expresión suya tiene un doble sentido...
“Oriente” siempre ha representado la mirada hacia adentro, el cultivo de la interioridad. La escuela va a orientarse adecuadamente cuando invite a maestros y alumnos a dirigirse hacia dentro, hacia el espacio inconmensurable de su corazón, es decir, al cultivo de sus valores humanos más auténticos y positivos. La felicidad siempre se siembra, crece y florece dentro. Lo importante no es la espada sino la mano que la maneja y el corazón que la sostiene. Lo importante no es sólo preparar bien a un sujeto para desarrollar una determinada profesión sino ir modelando un buen ciudadano que realice noblemente, con honestidad y entrega, no sólo su trabajo, también su labor de padre o madre, de jefe, compañero o vecino. Antes que un buen fontanero o un buen abogado la escuela ha de formar a un “buen” ser humano.
Para llegar a ese objetivo, ¿qué podríamos conc5retar que falta en la educación?
En la escuela faltan muchas cosas. Podríamos decir que, como en las casas, hay un exceso de lo innecesario y una carencia de lo fundamental. Faltan recursos, pero también sabiduría y entrega para manejarse con lo que se tiene. En no pocos centros faltan clases más amplias y espacios que permitan agrupamientos flexibles, en definitiva, espacios para que las aulas no sean jaulas, Falta también tiempo y, sobre todo, libertad para organizar los horarios. Una escuela sin tiempo, con horarios tan rígidos y estrechos, es una escuela sin vida. Es urgente y necesaria una auténtica revolución temporal en la escuela. No son las asignaturas las que han de configurar el horario sino las experiencias de vida que la escuela ha de propiciar. Falta una mayor autonomía y libertad para gestionar consciente y responsablemente la vida en la escuela, a partir de las condiciones reales, tanto humanas como materiales, que se tienen en un centro dado. Falta la “magia”, el encantamiento de lo cotidiano, la renovación gozosa y diaria de la vocación y de la entrega a la tarea más noble del mundo. Y falta, también, espíritu y dinámicas de grupo, conciencia de comunidad educativa y la vivencia profunda de que educar es tarea común, compartida y en equipo.
¿Qué sobra?
Prisa. No sólo en el quehacer diario sino también en los diseños más amplios y globales. Hay prisa por dar la clase y terminarla, hay prisa en los alumnos por acabar lo más pronto posible y hay prisas de más largo alcance, como por ejemplo, la prisa por enseñar a leer y escribir. La escuela, como nosotros, es presa de la prisa. Y con la prisa, paradójicamente, no avanzamos nada. Los deficientes índices en lectura que, año tras año, reflejan los diversos informes, se traducen luego en un aumento de las horas de lectura en el currículum ordinario. Pero no se cuestionan los métodos de aprendizaje de la lectoescritura y, mucho menos, el momento y tiempo en el que se aborda.
¿Sería conveniente retrasar el aprendizaje de la lectura y escritura y dedicar los primeros años a jugar más, para desarrollar otras facetas del aprendizaje?
Llevo años planteando una medida que, estoy convencido, mejoraría la comprensión lectora, bajaría los índices de fracaso escolar y elevaría el entusiasmo lector en los niños: retrasar hasta los 7 años el aprendizaje más formal y sistemático de la lectura. Con las prisas siempre se quedan atrás los que partieron inicialmente en condiciones desfavorables y se pierde el disfrute de los aprendizajes que, como la cocina a fuego lento, tendrían que realizarse con gusto y a gusto. En la escuela no hay tiempo cuando sobra prisa. De hecho la cuestión es muy simple: tener todo el tiempo necesario es sólo cuestión “de…tener” el tiempo. “De-tener el tiempo” permite “tenerse uno” a sí mismo en todo aquello que hace o vive.
¿Qué más sobra?
En la escuela sobra también mucho papel. El papel oprime al profesorado con el yugo del exceso de burocracia. Una burocracia que no sirve, sino que más bien dificulta, la vida en el aula. Una burocracia que se ejerce más como mecanismo de control que como proceso formativo. Sospecho que la administración, queriendo amarrar y controlar “a los que menos trabajan” no está sino minando las energías y el entusiasmo de quienes, cada día, entregan lo mejor de sí mismos ante sus alumnos. El papel ahoga y asfixia también al alumnado a través de lo que denomino dinámica del fichismo y que no es sino una de las manifestaciones en las que se evidencia la prisión del libro de texto y la presión de los materiales escritos.
El papel y los álbumes de trabajo se utilizan desde los jardines de infancia.
Con 17 meses, en las guarderías, los bebés ya hacen fichas. Se educan las emociones y los valores con fichas que cuentan la pena de un niño africano o la insolidaridad de una niña francesa. Se celebra el día de la paz coloreando palomas picassianas sobre un papel o cartulina. Se enseña a hablar otro idioma o se intenta transmitir los valores religiosos coloreando, y coloreando, y coloreando. Es sorprendente la falta de colorido que preside una escuela en la que los niños son obligados, una y otra vez, a la entretenida tarea de colorear.
¿La alternativa son las nuevas tecnologías?
También sobra un cierto endiosamiento de las nuevas tecnologías. Se está dando con ellas una especie de absolutización de los medios y recursos y nadie puede dudar del papel que han de jugar en la educación de hoy. El reto está en atribuirles el espacio, lugar y tiempo que realmente les corresponde. Suelo resumirlo con esta expresión: los ordenadores no pueden ocupar el centro de la clase ni del proceso educativo, han de estar en un rincón de la clase, pero no arrinconados.
¿Y no sobra materia de estudio: tanto contenido en tantas asignaturas diferentes en tan corto espacio de tiempo?
Efectivamente. También sobran “contenidos”. La escuela ha ido asumiendo nuevas demandas y temáticas, manteniendo las anteriores. Hay una sobrecarga que puede medirse en el peso del conocimiento inútil que el alumnado traslada a diario en sus mochilas. Alegría significa, etimológicamente, estar aligerado. Los niños y sus maestros van a recuperar la alegría cuando se seleccionen y prioricen contenidos, cuando se descargue el currículum y, sobre todo, cuando se alivien las presiones que, socialmente y en forma de demandas, se ejercen sobre la escuela.
¿Por qué el sistema educativo no contempla formar personas felices? ¿Por qué la experiencia de la felicidad (las habilidades para ser feliz) no se considera parte importante de la educación?
Tal vez porque lo que se pretende no es formar personas creativas, críticas, lúcidas y lúdicas sino personas que produzcan y consuman. Hay un hecho que así lo confirma: cuando se quiere dejar constancia que un alumno ha superado satisfactoriamente lo que la escuela espera de él se le califica como “apto”. Es decir, la nuestra es más una educación de las aptitudes, de las habilidades, de las capacidades y del conocimiento que de las actitudes, los valores, las emociones y la sabiduría.
Ciertamente, el lenguaje pedagógico ya resulta significativo y revelador.
Ya en primero de primaria existe una asignatura para el “Conocimiento del Medio” y ninguna, en toda la primaria ni secundaria, sobre el “Conocimiento de Sí Mismo”: al alumnado se le enseña dónde está la Vía Láctea pero nada sobre la constelación de su familia o a gestionar sus emociones; se le obliga a aprender el nombre de los órganos del aparato respiratorio en lugar de enseñarle a respirar y a tomar conciencia de la relación que hay entre su respiración y su manera de sentir y sentirse. La experiencia de la felicidad será importante en la educación cuando la escuela no esté al servicio del sistema productivo o de la infraestructura económica sino al servicio de la Vida.
Y sin embargo, ¿hasta qué punto puede ser “eficaz” o “productiva” (constructivamente eficaz o productiva) una persona estresada, competitiva, con miedo -sin capacidad de ser feliz?
Algo parece obvio: una persona feliz es siempre más eficaz, más eficiente y produce no sólo más, sino mejor. El estado personal siempre afecta y configura nuestra presencia y acción en el mundo. El “hacer” siempre brota de un modo determinado de ser y de un determinado nivel de conciencia y desarrollo personal. Sin embargo, la mayor parte de la formación inicial y continua de cualquier ámbito laboral suele dirigirse a formar el “hacer” técnico, metodológico o procedimental propio y específico del mismo. ¿Quién, cómo y cuándo se forma el “ser” de dicho profesional?. A pesar de tener más información y conocimientos que nunca, los educadores (padres y madres, profesores/as y agentes sociales en general) muestran un alto nivel de estrés, insatisfacción, ansiedad y pesimismo. No es sólo lo que hacemos lo que cuenta; también cómo y desde dónde lo hacemos. En la escuela, el recurso por excelencia es siempre la calidad humana del maestro/a.
¿Qué habilidades deberían enseñarse (o ayudar a desarrollarlas) para ser feliz?
La felicidad, como la relajación, no es una técnica, sino un estado. Mi propuesta va más allá de un mero aprendizaje de habilidades. Uno puede desarrollar habilidades comunicativas no para establecer relaciones libres y sanas sino como recursos de control y manipulación de los otros. Más allá del “homo habilis” hemos de ir desarrollando el “homo sapiens” (camino de sabiduría) y el “homo amans” (camino con corazón). Hay una felicidad que brota espontáneamente cuando estamos en contacto con lo mejor de nosotros mismos, cuando desarrollamos activa, generosa y humildemente nuestros dones y capacidades y cuando acogemos nuestras limitaciones o carencias. Hay una felicidad que brota cuando sanamos las heridas del pasado y cuando no nos agobia lo que está por venir. La felicidad es el arte de acoger la vida aquí y ahora, es el norte de la brújula de nuestro corazón y el horizonte hacia el que caminan nuestros pasos. Pero, propiamente, la felicidad no hay buscarla sino dejarnos encontrar por ella en nuestro viaje a la conquista de nuestra más auténtica humanidad.
¿Cómo hacerlo?
Alguien dijo: “A lo desconocido sólo podemos llegar a través de lo desconocido”. A la felicidad sólo llegaremos a través de experiencias de gozo profundo que se van viviendo, de manera natural y sencilla, conforme vamos creciendo personalmente y desarrollando y haciendo evolucionar y ascender nuestro nivel de conciencia. Pero, ¿cómo elevo el nivel de conciencia de un maestro o de un niño? Favoreciendo que vivan experiencias que corresponden a un estado de conciencia más elevado. De manera paradójica, planteo este movimiento de “ascenso” en la conciencia, a través de ejercicios-experiencias que nos hagan descender hasta el “corazón” y conectar con nuestra hondura.
No pretendo ni mucho menos vaticinar el fin de las pizarras, nada más lejos, sino, simplemente, hacer reflexionar sobre la importancia de este soporte en la docencia y el actual power point.
Cada vez es más habitual (aunque, como siempre, dependiendo por zonas y nivel de la docencia) el uso del power point en las clases. Me parece una herramienta positiva por muchos aspectos: puede ser más atractiva visualmente, facilita la comprensión de la letra, permite el hipertexto... Pero cada vez veo más un mal uso de la misma.
Tanto profesores como ponentes en general tienden a rellenar de arriba a abajo las diapositivas, con una letra muy pequeña e ir leyendo: grave error. El power point NO son unos apuntes completos, es una herramienta de comunicación para resaltar las ideas principales de lo que se quiere exponer, no para incluir toda la información y hacer lo que se está llamando entre muchos universitarios "karaoke". Si se quieren incluir los apuntes en las habituales "aulas virtuales" debe usarse el swriter o cualquier otro software parecido para edición de textos (mi recomendación).
Por mi experiencia, son mucho más útiles los power points con muy poco texto (a penas tres o cuatro ideas principales) y, si se quiere hacer más atractivo incluir imágenes representativas. Incluso he visto power points que, únicamente con una palabra y una imagen, me han hecho recordar mucho más un concepto o idea que un párrafo entero.
Además, a pesar de todos los formatos digitales, no se debe perder la pizarra. Siempre es útil para hacer esquemas que mejoren la comprensión, apuntar ideas complementarias que no se vayan a desarrollar mucho o escribir cualquier otra cosa. La pizarra no es prescindible.
Pero, sobre todo, lo que reivindico es que no se pierda ni se desprecie la importante labor docente y lo que cada vez está peor visto: la clase magistral. Hay que seguir dando esas clases porque es la mejor forma de transmitir conocimientos a pesar de que se pueda hacer más interesante apoyándose en ejemplos, ejercicios prácticos o, como la actual moda: el power point. Pero todo ello sin perder la labor de los profesores tal y como ha sido siempre, que es fundamental.
Los power points a modo de apuntes colgados en el aula virtual y los profesores haciendo karaoke lo único que está consiguiendo es estudiantes que cada vez se aburren más en clase y pierden la atención (para escuchar lo que se lee no hace falta un profesor, basta con leer) y fomentar la ley del mínimo esfuerzo en la que sin ir a clase ,y simplemente estudiar lo que te ofrecen colgado, apruebas y punto. Nada de tomar apuntes, interesarse en el tema, buscar información alternativa o aprender: sólo leer, memorizar y borrar tras el examen.






